Nuestra Historia
1993. Bernardo observaba desde la cocina de su restaurante en Lanzarote la flora autóctona canaria con curiosidad. Se preguntaba qué sabores podrían extraerse de ella, qué combinaciones serían posibles. Esa exploración artesanal se transformó, con los años, en lo que somos hoy; una marca que distribuye sus productos a través de las Islas Canarias y fuera de ellas, llegando a restaurantes con Estrellas Michelin. No fue un plan maestro trazado desde el principio, sino una evolución guiada por dos principios; calidad sin concesiones y adaptación sin perder identidad.
Elaboramos mojos que respetan las recetas tradicionales canarias, confituras que capturan el sabor de frutas locales o licores que exploran territorios nuevos, entre otros. Cada producto nace del equilibrio entre el respeto por el origen y la curiosidad por lo nuevo. La calidad no es un eslogan, es una decisión que se toma cada día en los envases que elegimos, en las materias primas que seleccionamos, en las personas con las que trabajamos y en cada control que aplicamos.

Ser honestos con quienes compran nuestros productos y con nosotros mismos no siempre es cómodo. Elaborar licores con fruta real y no con aromas, o rechazar aditivos aunque abaraten costes, nos ha cerrado puertas comerciales, pero es lo que nos permite seguir siendo quienes somos y ofrecer lo que ofrecemos. Seleccionamos envases por su calidad y elegancia, ponemos tela artesanal sobre nuestras confituras, elegimos las materias primas con cuidado. Tiene un coste, sí, pero es lo que permite que los productos destaquen y el exterior tenga coherencia con su interior.

Más de tres décadas después de aquella primera exploración en la cocina del restaurante de Bernardo, seguimos aquí. El mercado ha cambiado, el turismo canario ha vivido ciclos, las preferencias de los consumidores evolucionan. Hemos atravesado momentos en los que el turismo se detuvo y tuvimos que repensar quién era nuestro consumidor. Lo que aprendes con el tiempo es que adaptarte es tan importante como saber qué no cambiar, reconocer cuándo evolucionar y cuándo mantenerte firme.
Exploramos nuevas posibilidades sin perder de vista lo esencial. Cada inversión, cada decisión, se evalúa con la misma pregunta; ¿nos permite hacer mejor lo que sabemos hacer? Trabajamos en proyectos que nos ilusionan; confituras ecológicas con más fruta y menos azúcar, destilar una ginebra propia con un 67% de producto local, combinaciones de sabores que solo tienen sentido en Canarias. El proceso es lento, pero creemos que vale la pena hacerlo bien.

La empresa está en manos de la segunda generación, con el respaldo y asesoría de Bernardo. Pensamos en la continuidad, en cómo preparar la siguiente etapa sin perder lo fundamental. Son conversaciones que ya forman parte de nuestra planificación a medio y largo plazo. No pretendemos transformar el sector, aspiramos a seguir haciendo lo que sabemos hacer, cada vez mejor. Consolidar lo construido, explorar cuando tenga sentido, mantener la identidad mientras evolucionamos.

Bernardos no tiene una trayectoria lineal ni una historia sin errores. Hemos evolucionado, hemos aprendido, seguimos buscando la manera de hacerlo mejor. No vendemos imágenes idealizadas, ofrecemos productos elaborados con dedicación, respaldados por más de tres décadas de experiencia y distribuidos con el cuidado que merecen. La curiosidad que llevó a Bernardo a explorar la flora canaria desde la ventana de su restaurante en 1993 sigue viva. Ahora en manos de la segunda generación, pero con el mismo criterio; hacer solo aquello que merece hacerse bien.
En más de 32 años no hemos coleccionado premios de forma activa, pero algunos han llegado: mejor producto ecológico en el Salón Gourmets 2024 (cuatro premios entre más de 1.500 participantes), y reconocimientos internacionales a nuestras ginebras en los World Gin Awards y los IWSC en Londres. Nuestros productos se han usado en cocinas con Estrellas Michelin como Arzak (San Sebastián), Kamezí (Lanzarote) y Coque (Madrid), entre otros.
