Tunos indios amontonados, de piel morada y con sus espinas

Tuno indio

El tuno indio es la fruta con la que más trabajamos. De ella salen nuestras confituras y cremas, nuestros licores y nuestras ginebras. Es el fruto de una tunera, Opuntia stricta var. dillenii, que no es una planta canaria por mucho que hoy lo parezca. A la planta la llamamos tunera, aunque también oirás chumbera y otros nombres; al fruto, tuno indio, y eso cambia según en qué isla estés, higo pico, penca india, higo tinto…

¿Cómo llegó a Canarias?

Todas las cactáceas son de origen americano, y la Opuntia Dillenii viene del Caribe, las costas de México, las Antillas, Centroamérica. Cruzó el Atlántico en los barcos, después de 1492.

Canarias convierte las tuneras en negocio para exportar carmín

Desde 1825 en las islas se plantaron tuneras a gran escala para criar cochinilla, el insecto del que se saca el carmín. Fue una industria muy importante, llegando a ser la principal exportación de las islas hasta la década de 1870.

Cuando llegaron los tintes de anilina, el mercado se hundió en pocos años y las plantaciones se abandonaron. Las tuneras se quedaron, y la Dillenii siguió por su cuenta hasta el piso basal, donde hoy la recogemos.

Chumberas cargadas de tunos indios sobre terreno volcánico

Tunera con frutos en punto óptimo de recogida – Lanzarote

Cada punto blanco es una areola. De ella salen los gloquidios: pelillos diminutos, con púa, que se desprenden al menor roce.

Los picos finos

Lo que no se ve

Cada punto blanco es una areola. De ella salen los gloquidios: pelillos diminutos, con púa, que se desprenden al menor roce.

Se recoge con guantes, pinzas, botas y todo el cuerpo cubierto. Da igual. El viento y el propio movimiento los llevan a todas partes –a la ropa, a los brazos, a la cara–, y una vez dentro de la piel no se ven: a veces tardan un día o dos en salir.

Las espinas largas se esquivan. Estas no.

Nadie lo plantó

No lo cultivamos, no lo regamos y no lo abonamos. Está ahí.

Opuntia dillenii figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras desde 2013. Se extiende sola, sin ayuda, por terreno seco donde casi nada más crece.

Eso no nos convierte en la solución de un problema ecológico –no vamos a decir eso–. Nos permite trabajar con una materia prima que ya está en las islas, en lugar de traer otra de fuera.

Dos mitades de tuno indio abiertas, con la pulpa roja y las pepitas a la vista
Por fuera, morado. Por dentro, un rojo que no parece comida.

¿Por qué es de ese color?

Ese rojo son betalaínas: los pigmentos del propio fruto. En el tuno indio el color no se añade, es el fruto.

Un estudio del CIAL (CSIC-UAM) y el ICIA identificó sesenta compuestos –betalaínas y compuestos fenólicos– en esta especie. Aportamos fruta y muestras de nuestra producción para ese trabajo, y patrocinamos el XI Congreso Internacional de Cactáceas como Alimento, celebrado en Tenerife en 2025.

La cosecha

Tres cosechas al año. Agosto y septiembre se quedan casi vacíos: no hay fruta nueva.

La fruta llega de Tenerife, Gran Canaria y Lanzarote, y el nombre cambia con ella.

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Cada ciclo tarda de noventa a cien días. Los tres, juntos, llenan el año.

Manos con guantes recogiendo tunos indios de la planta

¿A qué sabe?

Dulce, pero poco. Más cerca del melón y del higo que de una fruta tropical. No es ácido y no es exótico.

Y tiene pepitas. Muchas. Si te lo comes fresco, se comen con él.

Un tuno indio partido sobre un plato de cerámica

Qué hacemos con él

Las pepitas

En nuestros productos no hay pepitas: se separan durante la elaboración. Lo que queda es un subproducto lleno de semillas.

Estamos estudiando extraer aceite de ellas, y queremos plantar tuno indio en ecológico en Lanzarote para depender menos de terceros. Una tunera tarda años en dar fruta, así que esto se cuenta en años, no en meses.